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Tolmo, Saúl (Pintor)

Otros datos históricos que engrandecen la figura de Saúl Tolmo García, pintor.
Ficha auxiliar   |   Año 1963
Tolmo, Saúl (Pintor)

Nota del editor. Este artículo está extraido de la revista "Feria", de Albacete , publicado el año 1963. Hemos querido hacernos eco de estas páginas por estar dedicadas al gran pintor casasdevesano SAUL TOLMO GARCIA. Es una transcripción literal del artículo que le dedicó Alberto Mateos Arcángel.

 


Cartel de la Revista Feria Albacete 1963

Revista Feria 1963
 
 

En la ruta oriental de Albacete a Valencia, cimero, señoreando un paisaje de olivos y viñedos, está Casas de Ves —vaso comunicante de Alborea—, pueblecito de chato caserío dominado por la Iglesia de Santa Quiteria, rectora de su vida beata.

Casas de Ves, que con el arco permanente de su entrada comunica al visitante una ilusión de llegada triunfal, es cuna de artistas eminentes. En él nacieron dos muy notables actores cómicos: Alejo Cano y Eladio Cuevas —muerto el primero, alejado de la escena el otro—; y Sandalio Cuevas, magnífico violinista, ya fallecido; y Luis Morales, matador de toros ayer y hoy excelente peón y banderillero; y... Saúl Tolmo, apartado, también, muchos años ha de esta vida terrena.

Vino al mundo Saúl Tolmo el año 1881, en la casa número 98 de la calle de San Antonio, en el humilde hogar creado por Bernardino Tolmo López y Juana García Martínez; y, desde su niñez, su espíritu, prematuramente sensible, se manifestó en impulsos creadores, dibujando la naturaleza a su entorno, o retratando o caricaturando a sus convecinos. Vocación fuerte la suya, ya que ni bellezas, ni riquezas artísticas en el pueblo, ni poesía en el paisaje, pudieron influir para despertar en él tales anhelos creadores. Estas inquietudes artísticas que en un hogar obrero pudieron parecer dedicación nada práctica, no fueron, empero, torcidas o frenadas por los padres del muchacho que comprensivamente, cariñosamente, aceptaron de grado sus inclinaciones artísticas, basadas, hasta ahora, exclusivamente, en una gran vocación.

Y pasó tiempo. Y entró en la adolescencia. Y emprendiendo el camino que su vocación demandaba, "con una sed infinita de ilusiones" —que dijo Rubén—, llegó a Madrid, donde le aguardaban días difíciles de tremenda escasez de medios de vida y de trabajo, de febril estudio y aprendizaje, solamente soportables por recias voluntades, por enamorados de un ideal.

"La Escuela de Pintura de San Fernando —cuenta su amigo y compañero Ángel Tévar— fue su primera educadora; y varias veces le he oído decir que, cuando estudiaba en la clase de Antiguo y ropajes, descontento de su obra siempre, salía malhumorado y —¿por qué no decirlo?— con lágrimas en los ojos. El lápiz se resistía a interpretar justamente —según él— las modelaciones de la estatua con su delicadísima entonación. Él veía más allá y a ese punto nunca llegaba. ¡Y el descontento ganaba aquel año y en aquella clase, en reñidas oposiciones, una primera medalla! Desde entonces sus triunfos en la Escuela se sucedían sin interrupción. ¿A qué enumerarlos? Sólo diré que cuando en la clase de Natural (desnudo) ganó el premio por méritos indiscutibles se acreditó como uno de los mejores dibujantes que habían pisado aquel centro de enseñanza."

Pero, poco a poco, el artista fue sintiéndose incómodo, descentrado en aquel ambiente académico. Su fuerte personalidad se compadecía mal con tanto amaneramiento y falsedad, con tanta "ranciedad y rutina" —son sus palabras—. Y se alejó de la Escuela. Y dio comienzo a una labor sin tregua, consciente de su valía, afanoso de una producción artística propia, frente a la Naturaleza y sin otro corrector que su personalísimo sentido estético.

Y vienen los premios ganados en diversos concursos del Círculo de Bellas Artes; y llega un gran triunfo, a los 24 años de su edad, al serle otorgado por votación popular el primer premio del concurso de dibujos convocado por el diario "Heraldo de Madrid" con motivo de cumplirse el tercer centenario de la publicación de "Don Quijote de la Mancha";

dibujo que define el estilo de Tolmo, estilo hecho de sencillez, de sobriedad, de trazo rotundo, enérgico, pero tierno y fino a la vez, como producto de una mano movida por un temperamento a un tiempo recio y delicado.

Sorolla, aquel coloso de la pintura, quedó fuertemente impresionado por esta obra de Tolmo, llamándolo a su estudio y ofreciéndole su ayuda. Pero su salud, quebrantada por tantos días de escasez y trabajo, reclamaba cuidados. Y marchó a Casas de Ves, al hogar familiar, en busca de un descanso reparador, de alivio para su mal. Y allí, en los largos obligados ocios, inmóviles sus lápices y sus pinceles, compone versos que eran a modo de válvula de escape de los anhelos de un alma de artista que no podía entonces utilizar sus habituales medios de expresión.

(Una hermana suya —en Casas de Ves viven tres hermanos de Saúl: Consuelo, Ramona y Carlos— nos recita algunos, y los tres nos hablan de la bonita voz abaritonada que tenía su hermano, de su carácter melancólico y regocijado a la vez).

Mas el ambiente del pueblo no tiene precisamente ritmo de poesía lírica; y su alma de artista comienza a sentirse oprimida, anonadada. Y renunciando a la tranquilidad, a ternuras y atenciones familiares, generoso de su salud, decide volver a sus inquietudes artísticas.

Piensa, ahora, en Buenos Aires, especie de Eldorado para toda ambición de gloria y de fortuna. Y llega a la capital del Plata donde encuentra la acogida a que sus méritos artísticos le hacen acreedor. Las grandes revistas bonaerenses "P B T" y Caras y Caretas avaloran sus páginas con ilustraciones (dibujos y caricaturas) de Saúl Tolmo; sus pinceles se ven muy solicitados para la difícil especialidad del retrato; logra estimables ganancias. Pero, la terrible dolencia que destrozaba su pecho trueca aquella halagüeña realidad en amargo renunciamiento.

Y nostálgico de la Patria y de la familia, se partió para España. Y en su Casas de Ves, el pueblecito que le vio nacer y que pronto, fatalmente, le habría de ver morir, fue lentamente languideciendo su vigoroso espíritu; sus pobres energías se fueron extinguiendo. Y un día, un triste día del año 1914, aquel año nefasto en que sobre el suelo europeo comenzaba el cabalgar fatídico de los Cuatro Jinetes del Apocalipsis, los ojos del artista, que tantas formas bellas habían contemplado, tuvieron la visión horripilante de la Parca y quedaron cerrados para siempre.

¿Hay en su pueblo natal perpetuación alguna de la memoria del gran artista que fue Saúl Tolmo?

Al señor Alcalde de Casas de Ves me permito trasladar la pregunta en este año anterior al que ha de cumplirse el cincuentenario de la muerte de tan ilustre hijo de ese pueblo.

Alberto MATEOS ARCÁNGEL

Miguel Valiente Belmonte